Después del desayuno, nos espera un día intenso y vibrante en la que quizás sea la ciudad más fascinante del norte de África. Marrakech, con sus muros color ocre y sus puertas labradas, nos abre el alma. Iniciamos la jornada recorriendo los serenos Jardines de la Menara, donde un estanque refleja las montañas del Atlas y las palmeras susurran secretos antiguos. Visitamos el Palacio Bahía, un paraíso de patios, celosías, mosaicos y fuentes que parece tejido para la contemplación. Frente a la Koutoubia, el minarete que domina la ciudad, sentimos el latido de los siglos. Nos detenemos también en el Museo Dar Si Said, hogar de la memoria marroquí, con sus alfombras, joyas y objetos que narran la historia viva del pueblo bereber. Almuerzo incluido en el hotel, donde los sabores especiados se mezclan con el murmullo del té de menta.
Por la tarde, nos adentramos en los zocos: un laberinto aromático de especias, tejidos, lámparas de cobre, perfumes, cuero trabajado a mano y mil maravillas más. Aquí todo es tacto, color, regateo y sonrisa. Cruzamos calles llenas de sorpresas hasta desembocar en la Plaza Jemaa el Fna, corazón palpitante de la ciudad. Músicos gnawa, contadores de historias, encantadores de serpientes, puestos de jugo de naranja... Marrakech vibra al ritmo del asombro.
Opcionalmente, puedes terminar el día con una cena espectáculo en un palacio tradicional, donde danzas, luces y música acompañan un festín digno de las mil y una noches.
Alojamiento en Marrakech. Que la noche te encuentre danzando entre sueños.
Hotel (previsto o similar) Zalagh Kasbah Rawabi